El puerperio interminable

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Tras el largo parón navideño en España y la vuelta a la vida Alemana (eso sí que es la cuesta de Enero!), vuelvo fuerte y con los deberes hechos: he investigado más sobre el Postparto para contaros muchas cositas y he trabajado muchíiiisimo en un Quiet Book preciosísimo que ya está terminado y que subiré en los próximos días. Empiezo compartiendo la experiencia de mi postparto: el camino de vuelta a mí misma. Como no tengo casi fotos de esa época (me veía horrible), y para darle un toque fresco a este tema tan denso, he elegido obras de varias ilustradoras y artistas de la blogosfera maternal -os dejo sus webs e Instagrams para que paséis a ver más 🙂

El gran tabú de la maternidad

Ya he cumplido casi 13 meses como mamá y si os digo la verdad, aún no he vuelto a mi centro… No precisamente al antiguo conocido, sino a un equilibrio verdadero conmigo misma en mi nueva etapa, a saber quién soy y donde tengo los pies. Tampoco es que haya tenido tiempo… Esto nadie me lo había dicho!… ¿¿¿Es normal???

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MaPop

Poco, poquísimo se lee y oye sobre esto y me ha asombrado lo dosificada que he ido encontrando la información de este gran desconocido/apestado de la sociedad. Incluso sacando el tema en público, muy poca gente le da el peso y la importancia que yo considero que tiene este momento en la vida de la mujer, es como si hubieran pasado de puntillas por ahí sin hacer mucho lío para no despertar a los monstruos. Además parece ser que hay tantos colores de Postpartos como mujeres… cada una ha vivido una experiencia diferente, así que es probable que a alguna os rechine lo que cuento.

Ahora, desde hace ya un par de meses y con ayuda de Papá extraterrestre para recapitular (porque hay una nebulosa rara y no recuerdo bien las cosas de esa época, ni puedo situarlas en el tiempo), empiezo yo a poder identificar e integrar todo lo que se ha ido moviendo por mis adentros. Me parece TAN indignante que algo tan intenso y con un potencial TAN increíblemente transformador esté tan relegado a la sombra de la sociedad, que me he decidido a contaros mi historia y mis reflexiones sobre el tema por si le sirven a alguien que esté tan perdida como yo lo estaba.

La segunda parte de este Post consiste en una lista de libros y vídeos que me han ayudado a llamar a las cosas por su nombre.

¿Puerperio?

Resulta que yo, hasta que estuve embarazada, NUNCA había oído esta palabrota. Enseguida lo relacioné con la famosa cuarentena y si se torcía la cosa, con la depresión post-parto (esas de las que todo el mundo habla pero que nadie reconoce haber tenido…). Y sí, llegué a Laura Gutman embarazada de 5-6 meses y la leí, y aunque me sirvieron algunas cosas, me pareció una exagerada… -algunos capítulos directamente me los salté porque me parecían historias sacadas de un de reality de Telecinco por lo menos-. Desde mi superioridad moral, bien inculcada en la infancia y del “a mi eso no me va a pasar por que estoy estupendamente” lo metí en un cajón y me olvidé.

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MaPop

Nuestra sociedad, y su reflejo materializado en la Santa Wikipedia, dicen:

En la fisiología humana, el puerperio1 2 es el período que inmediatamente sigue al parto y que se extiende el tiempo necesario (usualmente 6-8 semanas, o 40 días) para que el cuerpo materno —incluyendo las hormonas y el aparato reproductor femenino— vuelvan a las condiciones pregestacionales, aminorando las características adquiridas durante el embarazo. En el puerperio también se incluye el período de las primeras 24 horas después del parto, que recibe el nombre de posparto inmediato.

Y en el diccionario de la RAE :

Del lat. puerperium ‘parto1‘.

1. m. Periodo que transcurre desde el parto hasta que la mujer vuelve al estado ordinario anterior a la gestación.

2. m. Estado delicado de la salud de la mujer durante el puerperio.

         – Ahhhh… Osea, que es una cosa fisiológica y en 40 días volveré a estar estupenda…

         – XD XD XD (respuesta de mi yo superior)

Así comienza el rito iniciático: en silencio y sin que nadie te haya hablado de él.

Tras un embarazo súper feliz y luminoso llegó el día del parto, en Alemania. Acudí empoderadísima e informadísima (aunque con bastante miedo) y salí 23 horas más tarde hecha un despojo humano, desgarrada y recosida por mis adentros, anémica y dolorida hasta el alma tras una maniobra de Kristeller que nos presentaron como “única opción de emergencia” porque yo “no sabía empujar” y “había que salvar al bebé” (para esto necesito otro Post entero, así que os lo contaré otro día). Un parto robado, de esos que yo pensaba, desde mi torre de marfil, que no tendría. Porque yo “me había informado” -como si eso me hiciera invencible…-

Y de pronto me encontré en el post-parto, sin fuerzas, rota, engañada, indignada, frustrada, humillada… llena de cicatrices físicas, emocionales y espirituales, habiendo estado cara a cara con la muerte en otra dimensión donde ya no había dolor y de vuelta a la tierra, sin saber aún si Bichillo y yo estábamos realmente vivas… Con una bebé que nació MUY enfadada porque no le dejaron salir a su ritmo y no paraba de llorar a pulmón por todo, con el ceño muy fruncido. Y yo sin entender nada. O, según se mire, entendiendo todo desde una claridad abrumadora y sabiendo desde bien adentro que NO TENÍA QUE HABER SIDO ASÍ.

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Sara Fratini

Sin darte cuenta ya no eres más la mujer segura de tí misma, creativa, de mente rápida y super independiente que eres desde bien joven… En escasas 24h todo se ha dado la vuelta ¿adónde te has ido?. No puedes ni pararte a pensar porque tienes que hacerte cargo de una criatura que no conoces de nada y por la que sientes una responsabilidad rara (nada de enamoramientos a primera vista para mí, de hecho me sentía decepcionada por no ver surgir mi instinto maternal salvaje). No puedes ni con tus bragas, tienes muchísimo sueño y no puedes dormir, todo va muy rápido. En el hospital (por si acaso no te han desempoderado bien del todo aún) te explican lo que tienes que hacer como si fueras tonta, te hacen sentir una niña que no sabe nada, te dejan claro que tus ideas de la crianza no son válidas para la vida real y te meten miedo con que vas a matar a tu hija por no darle un biberón: “pierde demasiado peso y no te sube la leche” (como si fuera tu culpa, como si la naturaleza fuera tonta!). En un idioma que hablas lo justito, donde no te sabes defender de verdad. Todo se vuelve áspero, tremendista, doloroso, el miedo se instala… justo en el momento que más débil estás y más apoyo necesitas.

Para pasar al otro lado hay que soltarlo TODO y meterse en la sombra 

Pasan los días. Hay algo que ha cambiado en la forma de percibir el tiempo, ahora es lento y pegajoso. Pienso que es porque estoy aún atontada por las drogas, sin dormir, anémica, “ida”… Me siento agradecida eternamente al universo por haber tenido a Papá extraterrestre a mi lado en todo momento (o lo más cerca posible que se puede tener a alguien en esta situación). Hago una cura de humildad sin apenas poder moverme ni expresar con claridad lo que me pasa, frustrada e impedida; por primera vez en mi vida adulta me vuelvo dependiente de alguien, qué sensación tan incómoda… “Imposible hacer esto sola” -piensa la supermujer que me creía. Papá extraterrestre se convierte en una extensión de mí, lo que me sostiene y reconecta con quien yo era y me recuerda cómo haría las cosas, defendiéndonos a Bichillo y a mí de todo lo que nos agita incluso a los niveles más sutiles… y mientras arregla mis heridas con la paciencia y la sabiduría de un monje budista, con un amor tangible y presente.

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Sara Fratini

Mi madre, una Tauro muy terrenal, viene a ayudarnos y se encarga de todo en casa, nos cuida, nos enraíza al mundo real y nos enseña trucos de abuela. Una ayuda increíble que nos salva la vida. Pero yo la percibo como el enemigo, y en cierta forma lo es, es una extraña en nuestra cueva que intenta (quizás sin darse cuenta) imponernos su criterio de crianza y sus reglas -con el tiempo me he dado cuenta que sí que me habían salido (y bien!) los instintos salvajes-. Empiezan a brotar sombras de la infancia, en forma de cosas que me dice mi madre y me cabrean tantísimo o me hacen sentir inútil, me hacen sentir una niña. Me siento enjaulada, atada de por vida por un lado a mi bebé hiperdemandante al que no sé cuidar, y por otro a mi madre que quiere dominarnos.

Con las sombras vienen sentimientos incontrolables y desbordantes, y como no puedo salir, empiezo a vivir dentro de ellos. Bichillo llora sin parar, lloramos juntas. “Todo está negro, no hay escapatoria, nadie me entiende, no sé qué me pasa, me estoy volviendo loca, los días son eternos, he traído una criatura inocente y pura a este mundo de mierda, me han engañado, ser madre es un infierno, me duele todo, estoy cansada, fea y gorda y quiero dormir de una puta vez”.

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 En soledad, de esa que se te mete bien en los huesos.

La Abuela extraterrestre se vuelve a España. He pasado ya la cuarentena “oficial”, tengo el visto bueno del médico. Me da un pánico irracional mirarme o palparme los puntos del destrozo que me hicieron en el perineo y el útero (aún duele todo: desde sentarse hasta hacer caca o tirarse un pedo) y aún tengo sangrados. Intuyo que ya no soy la misma pero la cabeza no me va, no puedo razonar ni mantener una conversación adulta, estoy densa y dispersa. Mi existencia se ha reducido a una esfera muy primaria, sin espacio para mí, ni para mi pareja…

Papá extraterrestre vuelve a trabajar. Me quedo sin bastón varias horas cada día que se hacen interminables. Es un bucle. Sola. En otro planeta. Perdida. Los días son una lucha constante para conseguir salir a la calle con un mínimo de dignidad (con un bebé al que no le gusta salir, que berrea en el carrito o en el fular como la niña del exorcista), conseguir comprar y comer algo, poner una lavadora y conseguir dormir al bebé y que aguante unos minutos al soltarla en el cuco. Cuando Papá extraterrestre vuelve del trabajo me siento mejor pero ya no me quedan fuerzas de nada, casi ni de hablar. Y vuelta a empezar!

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Así de emocionantes pasan las semanas y voy aprendiendo a hacer malabares con un Bichillo colgada en un fular; no es PARA NADA lo que me habían dicho de “comer y dormir”. Para colmo en la revisión de las 8 semanas nos derivan al traumatólogo por una cadera inmadura y le plantan un arnés a nuestra pobre criatura (durante 23h al día por 2 meses y pico…). Me siento una madre horrible, no he podido proteger a mi bebé de esto, no he podido pelear con los médicos para que no le pusieran un aparato de tortura ortopédica… (con el tiempo empiezo a entender que no es mi culpa sino que esté probablemente relacionado con la maniobra de Kristeller, aunque son mis propias conclusiones y nadie nos lo ha confirmado). El arnés hace que Bichillo duerma peor y esté más llorona aún por todo… justo cuando empezábamos a pillarle el tranquillo…

Así que seguimos sin tiempo para la pareja, las escasísimas veces que se alinean los planetas y medio intentamos tener algo parecido a sexo, duele muchísimo ¿¿¿No decían que al acabar la cuarentena todo vuelve a la normalidad??? Sigo sin dormir, sin reconectar conmigo, sin poder pensar, hecha un asco, sin ningún impulso creativo ni sexual, sin fuerzas ni tiempo para nada. “Ser yo” se ha vuelto imposible… ¡He desaparecido del mundo!

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El punto de inflexión: decidir fluir con lo que hay. Vivir el presente. 

Pasan más semanas. Empiezo a forzarme a salir con otras mamás a las que apenas conozco con más asiduidad (llevo solamente 6 meses viviendo en Munich) y, aunque es duro seguir sin “ser” y mis circunstancias no me permiten tener una conversación profunda, me ayuda mucho hablar con ellas de pañales y noches sin dormir… Parecen ser las únicas que hablan mi nuevo idioma, aún sin conocernos se siente una cercanía extraña.

Empiezo a encontrar ratitos para leer con Bichillo pegada a la teta y la cabeza funciona un poco mejor: me informo. Casi no hay nada que no hable de otra cosa que no sea depresión post parto, casi no hay nada que explique las cosas de una forma holística, con normalidad, sin más médicos de por medio, con la que me sienta identificada… ¿Qué me está pasando? ¿me voy a quedar así de ida para siempre? No creo que esté loca pero no encuentro casi respuestas y tengo miles de preguntas… Y así me reencuentro con Laura Gutman, y empiezo a ENTENDER DE VERDAD. 

Y entonces… ¡se hizo la luz!

No puedo indicar en qué momento exacto (si hubo alguno) dejaron las cosas de ir a peor y empecé a ACEPTAR… A aceptar que todo lo que me pasaba era parte de un proceso LARGO de transformación que tenía que atravesar para poder entender. Que lo que había pasado era un duelo en toda regla por la “yo” y el “nosotros” (como pareja) que murieron el día del parto, un duelo por el parto perfecto que nunca tuve y por todas esas fantasías grabadas a fuego en el inconsciente sobre la maternidad y sobre cómo debería ser convertirse en mamá, tener mi propia familia. Aprender que el puerperio es una segunda gestación de la madre a sí misma, que experimentamos una “muerte en vida” y hay que renacerreinventarse quién queremos ser en esta nueva etapa.

Desde entonces, sí, hay días chunguísimos en los que se me hace insoportable estar metida en casa limpiando culos, sin hacer nada por mi carrera, sin ser capaz de sacar media hora para mí en el bucle de la rutina… y hay otros días (cada vez más y más, afortunadamente) en que soy la persona más feliz del mundo siendo mamá y nutriendo a un ser que acaba de llegar al mundo, soy la mamá luminosa, creativa, presente y paciente que quiero ser y le veo todo el sentido del mundo a estar de excedencia y metida hasta el cuello en la burbuja de la maternidad. Ver crecer a Bichillo sana y feliz ayuda mucho a ver con perspectiva todo este periodo e incluso suaviza (y mucho) la experiencia del parto.

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Pintura de Lucy Campbell

La “Maternidad Consciente” no es un camino de rosas…

…más bien es un camino de autoconocimiento sin fin, para ahondar en las oscuridades personales y para deshacer nudos (o al menos para tomar conciencia de ellos y situarlos en nuestros mapas). Nuestro bebé, con su energía tan pura, es una luz gigante que nos alumbra rincones de nuestro interior en los que habíamos hecho la vista gorda y que traspasa con rayos X las capas que nos hemos puesto de más sobre nuestra esencia, las capas de mentiras que nos hemos contado sobre quiénes somos. Para que lo veamos todo, para darnos la oportunidad de enderezar el camino, es un regalo de luz!!! Desde esa decisión de “ver” se abren una serie de puertas: viajes a la infancia, sentimientos olvidados, preguntas enterradas… Clarividencias familiares y sobre una misma emergen a lo bruto y sin anunciarse… ¿Y qué se hace con todo eso?

Pues no estamos locas ni nada parecido, sino sumergidas en un universo paralelo sin tiempo. Ni más ni menos. Doy fé de que la díada mamá-bebé existe y es una experiencia para la que nadie nos ha preparado (ni nos podía preparar!): estamos fusionadas con el bebé y percibimos el mundo de forma distinta. Además el bebé nos va a hacer de espejo, sobre todo de aquello que ocultamos a los demás o a nosotras mismas, sea de forma consciente o inconsciente. Llantos, síntomas, enfermedades, problemas alimentarios o en mi caso una cadera inmadura pueden interpretarse como señales para saber por dónde hay que tirar y orientarse en el caos.

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Porque no son 40 días…

Son al menos DOS AÑOS!!! Y si nos ponemos místicas y hablamos de energías sutiles, siete años hasta que el aura de la criatura se independiza de la nuestra. Ojalá en la preparación al parto alguien me hubiera contado estas cosas, ojalá cuando estaba pasando por ello hubiera tenido el apoyo consciente de los que me rodeaban que en teoría sabían de qué iba la película, en vez de esa presión por “dejar de llorar ya”, “pasar página y estar bien”, “ponerme una faja para salir y recuperar la figura” o “empezar ya a destetar para tener yo más tiempo”. Ojalá el mundo respetara el tiempo sagrado que son el parto y el puerperio…

Con el tiempo he ido descubriendo que todo esto ya existía en el imaginario colectivo y que la maternidad, tal y como sospechaba, es un viaje iniciático arquetípico que nos llena de poder y sabiduría como mujeres, abriéndonos de par en par. En el “Viaje de la Heroína”,  el descenso de Inanna al inframundo, la búsqueda del Oro Alquímico o del Santo Grial se pueden superponer las etapas del puerperio propio para  darles sentido espiritual y ahondar en su significado. Si todas conociéramos este proceso y lo aprovechásemos al máximo, cambiaría el curso de toda la humanidad en una generación.

Precisamente muchos de mis bloqueos en el puerperio son por no saber estar tranquila e inmersa en las profundidades con mi bebé, por querer seguir disfrazándome de supermujer y negarme a ser cuidada; por necesitar “hacer” y “demostrar”, “producir algo tangible”, “no perder el tiempo”, “no ser una carga” o “una mantenida”, “no caer olvidada como profesional”, “no perder la cabeza”… Ahora lo veo! Todas son las presiones y requerimientos de un mundo esencialmente masculino que no concilia y no respeta, que no entiende (y por ende maltrata) la energía femenina.

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Iniciada como mamá y… Bruja!!! jajaja

A día de hoy siento que me voy encontrando. Lo que vislumbro sigue siendo “yo” pero fortalecida y mejorada, sin tanta tontería, sin tanto adorno superfluo. Sin miedo, sin vergüenza! Soy bella, mi cara y mi cuerpo han cambiado pero vuelven a irradiar luz, reconozco mi esencia en lo que hago. Me vienen a la mente esas mujeres fuertes y mágicas que han sido señaladas y estigmatizadas a lo largo de la historia, que no están tan lejos de lo que aspiro a ser:

Mujeres sabias que conocen sus ritmos y con ellos los de la naturaleza. Mujeres que saben parir, mujeres que saben materializar. Mujeres que conocen su cuerpo y su energía. Que no pelean por ascender socialmente y competir, porque saben que juntas tienen más poder que por separado, sincronizando sus ciclos y sus hormonas. Mujeres que crean nuevas realidades y trabajan desde el corazón. Mujeres que nutren, cuidan y transforman desde el amor incondicional, ése que surge tras haber transitado la línea entre la vida y la muerte para traer al mundo a otro ser. Mujeres que eligen compañeros que las aman, las respetan y las sanan. Heroínas cotidianas y anónimas, que se caen y se levantan fortalecidas; que crían a sus hijos en mundos imaginarios, sabiendo desde las tripas que éstos crecerán con sus hijos. Mujeres que desde el amor que le ponen a lo que hacen en su casa, cambian el mundo. Y cuando nos damos cuenta de que tenemos estos superpoderes, no hace falta mucho más… Todo cobra sentido, lo demás es accesorio. Brujas, hechiceras, alquimistas, extraterrestres, diosas…

Bienvenidas a la maternidad!

¿Cómo fueron/son vuestros puerperios?

 

*En el próximo Post os dejo un Kit de supervivencia en el Puerperio, con los recursos que me han guiado en el camino de vuelta. Espero que os sirvan. Buen viaje!!!

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20 Respuestas

  1. Verdades como puños, con 25 meses ya voy viendo la luz… a pesar de las rabietas. Cada una tiene una historia, es un tema tabú. Gracias por compartir. Acabo de suscribirme a tu blog.

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